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Aquel grito desgarrador en la noche

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Lucilo Tejera Díaz

  La noche del 21 y madrugada del 22 de marzo de 1963 la banda contrarrevolucionaria de Everardo Díaz Brunet, conocido por “Frías”, que operaba en ese momento por la serranía de Cubitas, en la provincia de Camagüey,  estaba sedienta de sangre.

  Ese grupo, como los que actuaban en varios lugares de Cuba, sobre todo en la zona central,  respondían a un plan trazado desde el 10 de octubre de 1960 en los Estados Unidos.

   En esa fecha el gobierno presidido por Dwight D. Eisenhower puso en marcha el Programa de Acción Encubierta contra Cuba, el cual contempló el sabotaje y el fomento de la contrarrevolución armada en las regiones montañosas de la Isla.

   La banda de “Frías” fue parte de semejante proyecto, y cerca de la medianoche del 21 de marzo de 1963 había comenzado el festín asesino con un crimen que los lugareños no olvidan. El escenario fue la finca La Fe, en la Meseta de San Felipe.

   El adolescente Emilio Pisco Hernández, de 16 años de edad, vestido con el uniforme de las Milicias Nacionales Revolucionarias, regresaba de visitar a la novia, acompañado de Rafael (de nueve años), uno de sus hermanos.

   Cuando se acercaban a la humilde casa donde vivían, se apareció la banda y los llevó a empellones a la casa.

   “Vamos a liquidar al miliciano”, dijo uno de los asesinos, recordó años después Rafael, recientemente fallecido.

   Ya en el bohío el padre de la familia, el inmigrante español Ramón Pisco Bardanca  entonces de 69 años, quien compartía las ideas socialistas, se dio cuenta de la situación y exclamó con firmeza: “¡Dónde vaya mi hijo voy yo!”.

   La banda se llevó a Emilio y a Ramón y no lejos de la vivienda consumó el crimen, pero lo hizo de la forma más cruel posible: primero ahorcó al joven para que el padre presenciara aquel martirio. Luego hizo lo mismo con el campesino español.

   Los contrarrevolucionarios no estaban satisfechos con la fechoría que acababa de realizar y siguieron para la cercana zona de Banao, en la propia Sierra, donde entraron a la fuerza en la vivienda de José Hidalgo Oliva, administrador de la granja “Benito Viñales”.

   Cuando lo sacaron de la casa con la clara intención de asesinarlo, uno de los bandidos tomó un pico y con toda la fuerza que podía se lo clavó por la espalda a Hidalgo.

   “Se escuchó un grito desgarrador en medio de la tranquilidad de la madrugada”, recordaron más tarde vecinos del lugar.

   No le bastó a los contrarrevolucionarios cercenarle la vida al hombre de manera tan cruel, y alevosa: le dispararon 35 veces, muchos de los balazos el rostro.

   Como colofón de aquella jornada de orgía sangrienta, “Frías” y su pandilla quemaron la pequeña y humilde escuela que allí existía. Solo no fue pasto del fuego un busto del Héroe Nacional José Martí y unas tizas, expresión de que la causa justa de la Revolución Cubana seguiría con sus ideas y sus aspiraciones.

    Poco despues con el esfuerzo de todos los lugareños, levantaron de inmediato otra pequeña escuela.

    La Revolución siguió adelante y derrotó a las bandas contrarrevolucionarias y el criminal Programa de Acción Encubierta contra Cuba preparado por el gobierno estadounidense. 

18/10/2011 10:17. Lucilo Tejera Díaz sin tema

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